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Cinthya Apolo: una trayectoria marcada por la sanación y la reconstrucción desde la empatía

Desde Loja, la doctora Cinthya Apolo convierte su vocación en un compromiso con la salud de las mujeres, enfrentando grandes sacrificios personales por amor a la medicina.

Con 33 años, la doctora Cinthya Apolo Carrión ha recorrido un camino que combina conocimiento, vocación, sacrificio y amor por su profesión. Originaria de Loja, se formó inicialmente como médica cirujana en la Universidad Nacional de Loja, lugar donde nació su convicción por la medicina. Desde joven, cuenta, sintió un profundo llamado por servir al otro, por ser útil ante el dolor ajeno y contribuir, desde sus capacidades, a mejorar la calidad de vida de las personas.

“Siempre supe que quería ser médico. Me movía una vocación por ayudar y una gran sensibilidad con el sufrimiento humano. Sentía que, con mis manos, podía transformar realidades, ser un instrumento para sanar”, recuerda.

Vinculación y servicio

Sus primeros pasos profesionales los dio como médico residente en el Hospital Isidro Ayora de Loja. Ocho meses después, su deseo por seguir creciendo la llevó a Guayaquil, donde ingresó al posgrado de cirugía general en la Universidad Espíritu Santo, formándose durante tres años en el Hospital de Solca Guayaquil, una de las instituciones médicas más reconocidas del país.

Allí comenzó a definirse el rumbo que marcaría su vida profesional. El contacto con el área de ginecología oncológica, y más tarde con hematología, despertó en ella un interés especial por los casos de cáncer de mama. Ese enfoque, junto con su empatía natural hacia las pacientes mujeres, la impulsó a buscar una subespecialización en mastología.

No había esa opción en Ecuador, así que decidí postular en el exterior. Fui aceptada en la ciudad de Porto Alegre, en Brasil, donde cursé durante dos años una especialización en mastología en el Hospital Santa Casa de Misericordia. Fue un reto personal y emocional muy grande”, comenta.

Y es que, detrás de su formación de alto nivel, también hubo sacrificios familiares. Durante los años que estuvo en Brasil, su hija Amelia, de cinco años, quedó al cuidado de sus padres en Loja. Su esposo, también médico, cursa actualmente una subespecialidad en neurocirugía en México. Durante ese tiempo, la familia estuvo físicamente separada, pero unida por un mismo ideal de superación y compromiso profesional.

Fue muy duro. Pasé dos años lejos de mi hija. Pero tuve el apoyo incondicional de mis padres y el respaldo emocional de mi esposo. Esa red fue fundamental para lograrlo. Las decisiones no fueron fáciles, pero fueron necesarias”, expresa.

Su especialidad actual, la mastología, le permite tratar tanto patologías benignas como cáncer de mama, y aplicar técnicas de reconstrucción modernas conocidas como oncoplastia. Este enfoque quirúrgico busca no solo extirpar el tumor, sino también preservar, en lo posible, la estética del cuerpo femenino, integrando conceptos de cirugía plástica a la oncología.

Hoy, ya no hablamos de cirugías mutilantes. Si una mujer necesita una mastectomía, también tiene el derecho de acceder a una reconstrucción inmediata. No se trata solo de curar la enfermedad, sino de acompañar en un proceso de recuperación integral”, afirma.

Volver a la tierra

Con el objetivo de aplicar lo aprendido en su ciudad natal, Cinthya retornó a Loja con la firme intención de poner sus conocimientos al servicio de su comunidad. Reconoce que muchas veces las pacientes deben trasladarse a Quito o Guayaquil en busca de atención especializada, pero su deseo es que eso cambie.

Mi objetivo es que Loja cuente con servicios oncológicos de calidad. Que nuestras pacientes no tengan que viajar para acceder a una atención completa. Y eso solo se logra si más médicos nos formamos, si regresamos con ese conocimiento y lo ponemos al servicio de la gente”, sostiene.

Además de su práctica clínica, Cinthya transmite un mensaje claro a los jóvenes médicos en formación: apostar por la subespecialización y por una medicina personalizada.

La medicina de hoy se enfoca en el paciente como un todo. Cada caso es único. Por eso es fundamental que los nuevos profesionales se preparen, se especialicen y entiendan la importancia de trabajar de forma multidisciplinaria. Todo lo que uno sueña es posible con perseverancia y dedicación”, asegura.

Finalmente, su mensaje más profundo es para las mujeres que enfrentan el diagnóstico de cáncer de mama: “No están solas. Existen médicos que hemos decidido formarnos específicamente para acompañarlas, para luchar junto a ellas y caminar hacia la meta más importante: la curación”.

Cinthya Apolo no solo representa a una profesional brillante, sino también a una mujer valiente que ha sabido conjugar la ciencia con la empatía.

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