logo planeta sur

¿Cómo reconocer y prevenir la tosferina y la fiebre amarilla?

La infectóloga Ana Lizette Rojas, docente de la UTPL, recalca la importancia de la vacunación como medida clave para prevenir complicaciones y controlar estas enfermedades.

En las últimas semanas, enfermedades como la tosferina y la fiebre amarilla han captado la atención a nivel mundial. La tosferina es una infección bacteriana altamente contagiosa que provoca episodios de tos intensa e incontrolable, dificultando la respiración. 

Por otro lado, la fiebre amarilla es una enfermedad vírica aguda, de tipo hemorrágico, que puede resultar mortal. Es transmitida por la picadura de mosquitos infectados y, aunque grave, es prevenible mediante vacunación. El término “amarilla” hace referencia a la ictericia (coloración amarillenta de piel y ojos) que presentan algunos pacientes afectados.

En Ecuador, ambas enfermedades han generado preocupación en lo que va de 2025, registrándose cientos de casos y muertes asociadas.

Ana Lizette Rojas, pediatra infectóloga perinatal y docente en la carrera de Medicina de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), explicó que la tosferina inicia con síntomas similares a un resfriado común, pero se distingue por una tos violenta y persistente, acompañada de un sonido característico similar al de un gallo, fiebre, secreción nasal y en casos graves, neumonía.

«Los niños menores de seis meses son el grupo más vulnerable, ya que sus vías respiratorias son más delicadas y pueden complicarse con mayor facilidad», indicó la especialista. Agregó que la mejor forma de evitar el contagio es mediante la vacunación, que debe cumplirse en cinco dosis antes de los seis años.

La docente atribuye el aumento de casos en este 2025 a la baja cobertura en esquemas de inmunización. «Muchos brotes surgen cuando no se cumplen los calendarios de vacunación. A esto se suman factores como la desnutrición y la falta de controles médicos periódicos», advirtió.

Asimismo, la profesional insistió en evitar la automedicación y no confiar en remedios caseros o información no verificada en internet. «El diagnóstico temprano y la atención médica oportuna pueden marcar la diferencia entre una recuperación efectiva y una complicación grave», expresó.

En el caso de la fiebre amarilla, tras la infección por el virus, el periodo de incubación suele durar entre 3 y 6 días. Muchas personas no presentan síntomas, pero cuando estos se manifiestan, los más frecuentes son fiebre, dolor muscular —especialmente en la espalda—, cefalea, pérdida del apetito, náuseas y vómitos. En la mayoría de los casos, estos síntomas iniciales desaparecen en un plazo de 3 a 4 días.

No obstante, un pequeño porcentaje de pacientes desarrolla una segunda fase, más grave, conocida como fase tóxica. Esta puede comenzar dentro de las 24 horas siguientes a la aparente recuperación. En este estadio, la fiebre reaparece y se produce un deterioro generalizado, afectando principalmente al hígado y los riñones.

Los signos característicos incluyen ictericia (color amarillento en la piel y los ojos, que da nombre a la enfermedad), orina oscura, dolor abdominal intenso y vómitos. También pueden presentarse hemorragias en la boca, nariz, ojos o estómago. 

Sobre las acciones del Ministerio de Salud Pública, la doctora considera que, si bien se han reforzado las campañas de vacunación y educación, aún existen retos pendientes para alcanzar una cobertura óptima, especialmente en zonas rurales o de difícil acceso.

«Necesitamos reforzar la vigilancia epidemiológica, garantizar el acceso a las vacunas y trabajar más en la concienciación comunitaria. Invito a todos a actuar con responsabilidad y a tomar las medidas necesarias”, concluyó.

Related Articles

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *