Fieles cuencanos se unen a los miles de devotos que participan en las fiestas religiosas de la Virgen del Cisne en Loja.
Cada mes de agosto, Loja se convierte en el centro de una de las manifestaciones de fe más grandes del país: las fiestas en honor a la Virgen del Cisne. Hasta la capital lojana llegan miles de peregrinos de distintos rincones del Ecuador, entre ellos grupos de cuencanos que realizan un trayecto de aproximadamente 200 kilómetros a pie, que les toma hasta siete días.
El recorrido inicia en Cuenca y se extiende a lo largo de rutas montañosas y senderos, donde los devotos avanzan guiados por su fe y acompañados de la solidaridad de las comunidades que les brindan agua, alimentos y hospedaje. La caminata culmina en Loja, ciudad que recibe a la imagen de la “Churonita” el 20 de agosto y donde se celebran las fiestas religiosas en su honor.
“Venimos de Cuenca con mucha fe. Somos cuatro amigos, aunque hay más compañeros que también están presentes. Yo lo hago desde hace dos años, pero mis amigos lo hacen desde hace más de diez”, cuenta Pablo Cordero, romeriante cuencano. Asegura que la motivación principal es el agradecimiento: “Nada es imposible gracias a mamá Virgencita. Ella nos ha bendecido con salud, trabajo y éxitos en la vida”.
Pedro Peña, por su parte, señala que visitar a la Sagrada Imagen es una muestra de gratitud y confianza, pues considera que cada paso dado en la romería es una oportunidad para fortalecer la fe y renovar las esperanzas en su vida y la de su familia.
Así, entre caminatas, oraciones y promesas, los peregrinos cuencanos se suman a miles de devotos que cada año abarrotan Loja para rendir homenaje a la Virgen del Cisne, considerada por muchos como milagrosa.
Este homenaje, hasta el 8 de septiembre, se expresa a través de las tradicionales Noches del Peregrino.

