Cada agosto, la Virgen del Cisne recorre más de 70 kilómetros desde su santuario hasta la ciudad de Loja en una de las romerías más grandes del Ecuador. Como cada año, este 2025 la procesión iniciará el 17 de agosto y culminará el 20 de agosto, reafirmando más de cuatro siglos de devoción.
La Virgen del Cisne es una de las advocaciones marianas más veneradas en el Ecuador. Su imagen, tallada en el siglo XVI por el escultor quiteño Diego de Robles, se resguarda en la Basílica de El Cisne, en la parroquia lojana del mismo nombre. Este santuario, enclavado en las montañas del sur del país, se convierte cada año en el punto de partida de una multitudinaria romería que atrae a miles de fieles de diversas provincias.
La historia de la Virgen se remonta a 1594, cuando, según la tradición, indígenas de la región presenciaron una aparición mariana en El Cisne. Conmovidos por el suceso y en el contexto del fervor religioso de la época, viajaron hasta Quito para encargar una imagen que representara a la Madre de Dios. Allí, Diego de Robles, maestro de la Escuela Quiteña, talló la escultura en madera, inspirándose en la Virgen de Guadalupe y la de Guápulo.
El obispo de Quito, Fray Luis López de Solís, apoyó la devoción a esta nueva advocación, viendo en ella un instrumento para fortalecer la fe en una región que, en aquel entonces, mantenía un desarrollo económico y cultural distinto al del norte de la Real Audiencia de Quito. Desde entonces, la Virgen del Cisne ha sido centro de peregrinaciones, plegarias y relatos de milagros que han consolidado su lugar como la patrona espiritual de Loja.
La devoción ha crecido hasta el punto de reunir a millones de fieles en todo el país. Su influencia ha trascendido fronteras, y su culto es comparable al de la Virgen de El Quinche, en el norte del Ecuador. La romería anual, que tiene lugar cada agosto, simboliza tanto el acto de fe como la unión cultural y social de los devotos.
La romería 2025
Este año, la romería comenzará el 17 de agosto, cuando la imagen saldrá desde su santuario en El Cisne hacia San Pedro de la Bendita. El 18 de agosto continuará su recorrido hasta Catamayo, donde permanecerá un día. Finalmente, el 20 de agosto llegará a la ciudad de Loja, donde permanecerá hasta el 1 de noviembre, fecha en que retornará a su lugar de origen.
Durante los tres días de recorrido, los peregrinos caminan aproximadamente 75 kilómetros acompañando a la imagen, en un trayecto que combina cantos, oraciones y muestras de fe. En cada localidad por la que pasa, la Virgen es recibida con flores, música y misas campales. Para muchos, es una oportunidad de agradecer por favores recibidos o pedir nuevas bendiciones.
Una advocación con raíces históricas
La imagen de la Virgen del Cisne está también relacionada con la Orden de los Caballeros de El Cisne, institución de origen europeo dedicada a obras de caridad y a la veneración mariana. Según la tradición, el obispo López de Solís, quien pertenecía a esta orden, nombró a la imagen en alusión a la misma.
En tiempos coloniales, la región sur de la Audiencia de Quito —donde se ubican ciudades como Loja, Zamora, Zaruma y Cuenca— estaba aislada de los centros económicos y religiosos del norte. La explotación minera y el comercio de la quinina marcaban la vida económica, mientras que la fe popular giraba en torno a devociones locales. La creación de esta advocación ayudó a cohesionar a las comunidades en torno a un símbolo compartido.
Hoy, la Virgen del Cisne es un ícono religioso y cultural. Su romería es un motor de turismo, comercio y tradición para la provincia de Loja. Año tras año, la fe de los peregrinos reafirma que esta devoción, nacida hace más de cuatro siglos, sigue viva y se mantienen a lo largo de las generaciones.

