Cada 1 de octubre, Ecuador conmemora el Día del Pasillo Ecuatoriano, una fecha para recoger la memoria, el amor y el sentir de un género musical que late en el corazón del país. Paola Aranda mantiene vivo este canto tradicional con su estilo particular.
El 1 de octubre es más que una fecha en el calendario para los amantes de la música ecuatoriana: es el Día del Pasillo Ecuatoriano. Establecido oficialmente en 1993 por el Decreto Ejecutivo Nº 1118, durante la presidencia de Sixto Durán Ballén, este día homenajea el nacimiento de Julio Jaramillo (JJ), nacido el 1 de octubre de 1935, conocido como el “Ruiseñor de América” y considerado el máximo exponente del pasillo.
El pasillo, género que brotó en Ecuador con influencias de otros ritmos latinoamericanos y europeos, se ha convertido en un emblema cultural: letanía de nostalgia, romance y paisaje, voz de un pueblo que busca preservar su alma musical.
Al hablar del pasillo ecuatoriano, no se puede dejar de mencionar a Paola Aranda, quien reivindica cada nota y cada verso como un verdadero rescate de identidad.
Una vida dedicada al pasillo
Paola Aranda nació en Loja, ciudad conocida como cuna de grandes talentos musicales en Ecuador. Estudió desde los 7 años música, flauta traversa en el conservatorio, más tarde canto popular en la Universidad Nacional de Loja, y ha dedicado cerca de 40 años al arte musical, de los cuales 25 ya los celebra profesionalmente como cantante.
Desde niña, Paola vivió el pasillo en casa: su madre cantaba por gusto; su padre disfrutaba la música. En reuniones, con guitarras y cantos, escuchaba pasillos que fueron sembrando en ella ese amor que luego puliría con estudio, dedicación y vivencia. De Loja emigró a Quito para crecer como artista, participando en coros, agrupaciones y como solista, sin dejar de estar unida a sus raíces.
Hoy, Paola es integrante de la Banda Sinfónica del Gobierno de la Provincia de Pichincha, flautista, canta en ocasiones especiales, y continúa su carrera profesional como solista. Ha sido gestora cultural, soprano de coro, y cada una de esas facetas ha moldeado su compromiso musical.
El pasillo como sello, como deber
Para Paola, el pasillo no es solo parte de su repertorio: es parte de su ser. “El pasillo siempre fue ese gusto, ese amor”, dice, porque creció escuchándolo, estudiándolo, interpretándolo. Ha sido constante en sus conciertos, en sus arreglos con orquestas sinfónicas, en cada pasillo que interpreta.
Pero también reconoce que su misión va más allá del escenario. Cree que los artistas tienen la obligación de mantener viva la música ecuatoriana frente a las influencias externas. No se trata de copiar estilos ajenos, sino de innovar sin perder la esencia, de experimentar otros arreglos, nuevas fusiones, manteniendo la raíz.

Reconocimientos y nuevos retos
Paola Aranda fue reconocida recientemente por su trayectoria en el Festival Internacional del Pasillo en Cotacachi, un galardón que ella recibe con sorpresa y humildad. Para la artista, este reconocimiento tiene un gran valor simbólico: significa que su trabajo de tantos años está siendo visto, valorado y honrado.
Además, el 3 de octubre ofrecerá un concierto como solista con la Orquesta Sinfónica Nacional en la Casa de la Música de Quito, bajo el título “Julio Jaramillo Sinfónico”, en homenaje al pasillo ecuatoriano. Será la primera vez que la lojana se presente como solista acompañada por esta orquesta, cumpliendo así una meta largamente anhelada.
Loja, cuna y orgullo
Paola no olvida sus raíces. Loja para ella es inspiración, identidad, hogar: una ciudad pequeña, pero culturalmente vibrante, musical, con artistas bien formados, con mercado musical local, con producción propia, con esa pasión que distingue a los lojanos. Y ella se siente orgullosa de representar esta tierra en la capital, de llevar consigo la herencia lojana al escenario nacional.
A los jóvenes que sueñan con cantar el pasillo, Paola les dice que sí se puede vivir de la música, pero que no basta con talento innato: es imprescindible la preparación, la técnica, el estudio. “Uno debe nutrirse de la parte empírica y de lo técnico”, insiste. Que no se rindan ante los momentos difíciles, que cada tribulación sirva para aprender.
Porque, concluye, el pasillo seguirá vivo mientras haya quienes lo canten, quienes lo estudien, quienes lo sientan. Y el 1 de octubre, reafirma que no es solo música: es identidad, memoria, voz del Ecuador.
Dato
En sus cuentas digitales se encuentra como Paola Aranda.

