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SUPERACIÓN. Leonardo Japón mantiene una tradición de 15 años en la betunería.

Leonardo Japón: 15 años dando brillo en el Parque Santo Domingo

Por más de 15 años, Leonardo Japón Gordillo ha convertido su oficio en un símbolo de resistencia y trabajo en la plaza de Santo Domingo.

A sus más de 60 años, Leonardo Japón Gordillo se describe sin rodeos como un hombre sencillo y humilde, todo esto debido a que, gran parte de su vida ha pasado por las calles del centro de Loja, donde la plaza de Santo Domingo se ha convertido en su segundo hogar. Allí, sentado en su butaca hecha de madera, ha construido no solo un trabajo, sino también una rutina que lo ata profundamente a este espacio, donde en particular comenta que se “siente cómodo”.

Antes de tener una butaca formal, Leonardo recorría la ciudad con un cajón y un taburete. “Pasaba días, semanas y meses así. Ya me fueron conociendo cuando recorría los parques de la ciudad”, recuerda. Japón también resalta un momento agradable donde un funcionario del Ministerio de Trabajo lo vio trabajar y decidió ayudarlo: “Me sorprendí cuando me dijeron que me iban a regalar una butaca, primero pensé que era mentira, pero cuando ya la vi y me la dieron, me sentí muy feliz, este trabajo a mi me gusta, me apasiona”. El mueble entregado tiempo después en el parque central de la ciudad, significó para él estabilidad y una oportunidad para conllevar su hogar.

Pero no todo fue sencillo para Leonardo. Varias veces fue retirado de los parques por empleados municipales. En una ocasión recuerda que le subieron sus cosas a una camioneta y lo llevaron hasta el parque San Francisco. “Sufrí bastante, me puse a llorar, no podía ni comer, no me gustaba esa plaza. A mi siempre me agrado estar en aquí en Santo Domingo (parque)”, admite. Todo esto mientras lidiaba con problemas de salud, lamentablemente estaba operado del brazo y la pierna y no podía cargar peso.

Cuando finalmente logró instalarse en la plaza de Santo Domingo, su clientela comenzó a crecer. “Aquí ya llevo más de 15 años. Mis clientes vienen porque yo los trato con educación. Los hago reír y se la pasan bien conmigo”, cuenta. Para él, la clave del oficio está en el respeto: “Si uno trata mal a un cliente, ¿cómo va a venir?”.

A esto se suma un proceso personal de superación. Leonardo enfrentó años complicados por el alcoholismo, que afectaron a su familia y su trabajo. “Tomaba bastante. No me importaba nada, me reunía con mis amigos nos poníamos a beber hasta el otro día, sin olvidar que también fumaba bastante tabaco, fueron dia dificiles”, confiesa. Una hospitalización lo hizo reaccionar. “Gracias a Dios y la Virgen me curé. Después de caer en cama reaccione con la vida y decidí cambiar por mi bien y la de mi familia”, expresa.

Hoy cobra entre 50 centavos, un dólar o la voluntad del cliente. Finalmente, agradece la compañía de quienes pasan por su butaca: “Que vengan a visitarme. Aquí sus zapatos salen como nuevos, los que me conocen saben que dejó su calzado bien limpiesito, como para que vengan a visitarme vuelta”, sostuvo.

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