El descenso del nivel de agua afecta al turismo, el abastecimiento y la actividad agrícola en varios cantones de la provincia.
La temporada de verano empieza a evidenciar sus efectos más críticos con la notable reducción del caudal en ríos y quebradas, una situación que preocupa tanto a ciudadanos como a sectores productivos que dependen del recurso hídrico.
En distintos puntos de la provincia, afluentes como el Catamayo, Malacatos, Zamora y otros presentan niveles considerablemente bajos, lo que impacta directamente en el suministro de agua potable y en los sistemas de riego agrícola. Esta problemática no es nueva, pero se intensifica cada año debido a factores como la deforestación, el cambio climático y la falta de lluvias.
De acuerdo con antecedentes del Plan Nacional de Sequía, Loja es una de las provincias más vulnerables del país, con un alto porcentaje de su territorio expuesto a niveles medios y altos de sequía. Esta condición ya ha generado pérdidas millonarias en el sector agrícola en años anteriores.
“El verano ya nos está comenzando afectar, las vertientes de agua ya no son suficientemente fuertes para poder regar todo el sembrío, personalmente estaba confiado de que las lluvias se iban a mantener, pero la situacion real es otra. Aparte tengo ganado, al cual debo llevarlo a otras vertientes cercanas para poder hidratar el ganado” , comenta Jorge Mejía, morador del cantón Gonzanamá.
En el cantón Loja, la situación también es evidente. Rafael Macas, ciudadano que frecuenta el sector El Carmen, relató el cambio drástico en el paisaje. “El río ya es solo piedras y arena, ya no hay agua. Esto se está poniendo grave por la falta de lluvias”, señaló, al tiempo que mencionó la disminución de visitantes en la zona.
Es así que, además del impacto ambiental, la sequía comienza a sentirse en la dinámica social y turística de varios sectores de la ciudad. Espacios que antes eran concurridos los fines de semana por familias que acudían a bañarse, pasear o realizar pequeñas actividades comerciales, hoy lucen con escasa presencia de visitantes. Ciudadanos señalan que la disminución del caudal ha cambiado por completo el entorno, reduciendo el atractivo de estos lugares y afectando también a quienes dependían de esta afluencia para generar ingresos.
Por su parte, el ciclista Diego Cabrera también evidenció la magnitud del problema tras recorrer el sector. “El caudal es muy bajo, en algunas zonas ya ni siquiera es posible bañarse. Esto no solo afecta al entorno natural, sino también a las personas que dependen del agua”, explicó.
Mientras tanto, ciudadanos y productores mantienen la expectativa de que las precipitaciones regresen pronto, ante una situación que ya comienza a sentirse en la vida cotidiana y en el desarrollo económico de la provincia.

